FMI: El lado oscuro del discurso de Guido Sandleris

El acuerdo del FMI no vino a resolver el problema puntual del déficit fiscal, sino a salvar la crisis de la deuda. El resultado, previsible, fue que terminó financiando la etapa final de la fuga.
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El gobierno de Cambiemos se jugó su carta económica a una apertura indiscriminada y libre entrada y salida de capitales. La consecuencia fue una espectacular suba en el déficit comercial (hasta que una recesión profunda detuvo el flujo de importaciones), la preeminencia de la especulación financiera impulsada por las altas tasas de interés en pesos, salida de capitales y un extraordinario salto en el pago de intereses al exterior. El déficit cambiario que todo este movimiento provocaba se compensaba, año a año, tomando deuda externa. En 2016 y 2017 fueron préstamos de fuente privada, pero cuando estos capitales vieron que la economía del país se acercaba al precipicio, a principios de 2018, cortaron el financiamiento externo. Ahí es donde Macri recurre al FMI como "prestamista de última instancia", porque los desequilibrios en dólares seguían y ya no había quien los financiara. 

Frente a este panorama, lo que explica Guido Sandleris, ex presidente del Banco Central en la etapa final del macrismo, se asemeja a un reconocimiento de que la imaginativa solución de los conductores económico-financieros del momento fue echar más leña al fuego. El país se sumergía en una profunda crisis externa por un déficit cambiario que se reproducía en todos los frentes, y al gobierno no se le ocurrió mejor idea que financiar el déficit fiscal (en pesos) con un préstamo del FMI (en dólares). Es decir, sobre una crisis terminal en divisas, dolarizó el financiamiento público interno. 

El resultado previsible no tardó en verificarse. El reclamo de auxilio externo aceleró la fuga. Sólo por el mercado de divisas (porque existen otros mecanismos de traslado de capitales al exterior que en Argentina cuentan con numerosos cultores), durante los cuatro años de la gestión de Macri se fugaron 86.194 millones de dólares. Pero el ritmo de fuga se aceleró a partir del acuerdo del FMI. Si el ritmo de salida de divisas había sido de 1467 millones de dólares por mes hasta el acuerdo con el FMI, a partir de entonces pasó a 2507 millones por mes. En los 18 meses siguientes al acuerdo, hasta que el gobierno de Mauricio Macri aplicó las restricciones al mercado de capitales que se había negado a considerar antes (octubre de 2019), se fugaron unos 45.100 millones de dólares. Una cifra muy similar, y no por casualidad, a los 44.526 millones que el gobierno había recibido del FMI.

¿Cómo funcionó el método Sandleris de financiar el déficit? El Banco Central recibía los dólares del FMI, los vendía en el mercado cambiario y le entregaba los pesos resultantes al Tesoro para que financiase su déficit primario. ¿Y qué hacían los particulares que compraban los dólares? Los fugaban del sistema (iban a parar al colchón o al exterior). La semejanza de las cifras sugiere que el Fondo financió el 99% de la fuga, aplicando el 100% del dinero prestado. 

Así, por menos, ¿la administración nacional redujo el déficit fiscal? No, porque lo que evalúa Sandleris es sólo el déficit primario, antes de endeudamiento, que sí se redujo al 0,96% del pbi (llegó en 2019 a 208.766 millones de pesos). En cambio, elevó sideralmente el déficit financiero, que resulta del pago de intereses, a un 4,28% del pbi (933.052 millones), es decir más que cuadruplicando al anterior. Ajuste fiscal interno y más recursos que iban a abultar beneficios de los acreedores del Estado (internos y externos).

Semejante esfuerzo fiscal, reemplazando emisión monetaria por endeudamiento externo, ¿tuvo un correlato en una estabilidad de precios? No, la inflación terminó 2019 con un record para las últimas décadas del 53,9%. 

Al menos, el voluminoso vuelco a la plaza cambiaria local de los dólares recibidos por el préstamo, ¿logró estabilizar el dólar? Tampoco, el tipo de cambio se triplicó desde menos de 20 pesos en las semanas previas al acuerdo, hasta más de 60 pesos hacia el final de la gestión de Macri. 

La brutal recesión interna de 2019 no habrá sido más que "un dato" en el excel de Sandleris y sus compañeros de equipo. Lo que seguramente no estaba en sus cálculos es que, además, iban a dejar el país en default en su año de despedida.

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