La farsa de Generación Zoe

Hugo Lescano, director del Laboratorio de Investigación en Comunicación No Verbal, analiza los gestos del controvertido líder de Generación Zoe.
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“El Coaching es un método discursivo-religioso, pero sin Jesús”. Esa frase la he dicho en muchas de mis conferencias. Más allá de las definiciones que encontramos en internet acerca del Coaching Ontológico, quienes han tenido contacto con esta disciplina que nació a mediados de los 70, saben que esto es así. Por esa razón no nos sorprende que detrás de casi todos los “coaches exitosos” haya un pasado -o presente-, religioso.
Esto no es malo en sí mismo. Sin embargo, es una de las razones por las cuales millones de personas en el mundo se han transformado en “seguidores” o “fieles” del coaching, muchas veces con más fe que racionalidad. Los códigos de comunicación que despliegan estos entrenadores, son los mismos que ponen en juego los pastores evangélicos con un gran efecto persuasivo. Con un paralenguaje calmo y reflexivo, movimientos kinésicos reverentes y expresiones faciales a tono con un mensaje entusiasta y al mismo tiempo pacificador, los “pastores” y “pastoras” del coaching transmiten un mensaje esperanzador similar al de las iglesias. Esto debería ser una buena noticia ya que las entidades ligadas al coaching terminan cumpliendo un rol social de contención, tal como el de las organizaciones religiosas. Y hasta podríamos celebrarlo si no fuera que cada tanto algunos de sus líderes – como también sucede en las congregaciones-, utilizan este discurso y postura sacerdotal como poderosa herramienta de control que les permiten enriquecerse a costa del perjuicio de sus fieles.

Es así que Leonardo Cositorto, talentoso vendedor ambulante en sus inicios y actual pastor de su propia iglesia (Aviva Zoe Iglesia), no ha hecho más que utilizar la misma receta que aplicaron antes que él, otros líderes de distintas denominaciones religiosas a lo largo de la historia. Esto es, desplegar su influencia mediante una batería de códigos conductuales de amor y esperanza en su lenguaje corporal, que le permitió administrar el dinero de cientos de miles de almas dispuestas a entregar gran parte de su capital sin considerar ningún riesgo, solo por la fe en su líder.

En resumen, podemos decir que el coaching, que bien utilizado puede ser un noble método de entrenamiento para alcanzar metas y potenciar el desarrollo personal, puede ser utilizado también – en este caso presuntamente, hasta que la justicia se expida-, para engañar y perjudicar económica y moralmente a miles de personas. Muchas de las cuales probablemente nunca reconocerían ni aceptarían tal daño. El engaño para lastimar a otros, aprovechándonos de su “fe” o sus “creencias”, quizá esté en el ranking de las peores mentiras y los más reprochables comportamientos.

Y ya que hablamos de comportamiento humano, vayamos al video de su último descargo en el que con su voz pausada y códigos homiléticos pastorales, no pudo evitar uno de los gestos característicos que realizamos los humanos cuando ocultamos información. Con sus manos en posición similar al ruego (un gesto de por sí emblemático y significativo), escondió los dedos pulgares al señalar que la compañía se encuentra en un “proceso de reestructuración interna” y que toda esta situación en realidad no es más que una “campaña de desprestigio y calumnias”. Este gesto es muy difícil de hacer de modo consciente. Es un comportamiento común en interrogatorios judiciales. También lo he visto en las entrevistas carcelarias en mis años de trabajo en las cárceles de Buenos Aires. Es una configuración manual que nuestro Laboratorio de Investigación ha catalogado como CM6 y refleja una clara intención de contradicción y ocultamiento sobre lo que estamos diciendo. Sobran ejemplos en Youtube sobre este código; desde ministros de economía dando supuestas “buenas noticias”, o personajes de la farándula asegurando haber sido siempre fieles a sus parejas mientras esconden sutilmente el dedo pulgar.

No existen los buenos mentirosos, lo que existen son malos observadores. Nuestras emociones están allí, listas para emerger a la vista del buen analista ya que, como siempre decimos en nuestro laboratorio, nuestro cuerpo no sabe mentir.

Hugo Lescano

Director del Laboratorio de Investigación en Comunicación No Verbal

Consultor de la OEA (Washington DC) en Negociación y Comunicación no Verbal

Instagram: @hlescano

www.HugoLescano.com

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