De fiesta en la Embajada de EE.UU.

Disfrazada de vaquero, con sombrero texano y pañuelo, la ministra Patricia Bullrich participó ayer de la celebración que ofreció el embajador de los Estados Unidos, Edward Prado, por el 243 aniversario de la independencia de su país, que se cumple el próximo jueves. “Vemos en Argentina un par, un socio igualitario con el que compartimos ideas e intereses. Me animo a decir sin reservas que esta relación nunca ha sido más fuerte que hoy”, afirmó el diplomático en el Palacio Bosch.

Entre los 400 invitados especiales que asistieron a la celebración inspirada en tradiciones del Lejano Oeste estuvieron el precandidato presidencial José Luis Espert (también con pañuelo rojo anudado al cuello), su compañero de fórmula Luis Rosales, el ministro de seguridad bonaerense Cristian Ritondo, el jefe de la Policía Federal, Néstor Roncaglia, el economista Martín Redrado y el banquero Jorge Brito.

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Encolumnada desde hace tiempo con las visiones norteamericanas más conservadoras sobre cómo entender el concepto de Seguridad, y promotora de las compras de pertrechos en Estados Unidos y su aliado Israel, la ministra asumió con naturalidad la representación del Gobierno de Cambiemos en el Palacio Bosch, rebautizado “Rancho Bosch” por el embajador Prado en honor al festejo de temática “cowboy”.


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El discurso de Prado no sólo resaltó la sintonía entre las administraciones Macri y Trump, una unión que metaforizó como la del “dulce de leche y el brownie, la combinación es perfecta”, sino que identificó la lucha común por la independencia. Pero el caso que eligió para ejemplificar el combate libertario de los texanos, la batalla de El Alamo, quizá sirva para sacar conclusiones de cómo ven a Macri desde el norte.

En ella no se enfrentaron los norteamericanos con las potencias coloniales europeas, sino con sus vecinos mexicanos. En ese momento Texas formaba parte de México, que pocos años antes se había independizado de Europa. Y los “independentistas” representaban en la zona los intereses esclavistas que ya dominaban el sur de los jóvenes Estados Unidos. ¿De qué lado se ubicaría el actual gobierno argentino? De acuerdo a sus dichos, por lo menos el embajador Prado lo tiene claro.

La otra estrella de la fiesta resultó el economista y flamante candidato a presidente José Luis Espert, por ahora sobreviviente a la desgastante ofensiva oficial para, en palabras de Espert, “proscribirlo”. A cualquiera que se le acercase, le contaba con lujo de detalles cómo la Casa Rosada le otorgó el puesto 11 de la lista de provincia de Buenos Aires, y vaya a saber qué más, a su ex aliado Alberto Asseff, dueño del partido con personería nacional, UNIR, con el que Espert se había presentado. Y todo inútilmente porque, se reía el economista, lo había reemplazado por otro partido en “alquiler”, UNITE, con el que seguirá adelante con su candidatura. Otra mancha en la rápidamente devaluada piel de Miguel Pichetto, que junto a Ritondo fue el encargado de fotografiarse con Asseff después de consumado el negocio.

A diferencia de Bullrich, que cumplió a rajatabla con la consigna de la embajada de vestirse a la usanza del lejano oeste (pantalones y campera de jean, botas y sombrero texanos), Espert llegó con jeans, pero camisa y saco, y solo consintió en atarse un pañuelo “vaquero” que repartían en la embajada.

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