Pichetto, el candidato de los buitres

El ahora candidato a vicepresidente se reunió en Wall Street con los fondos BlackRock, VR Capital y el banco inglés Barclays. Allí, sin haberlo coordinado con el oficialismo, defendió la estrategia financiera del Gobierno y se comprometió a defender desde el Congreso el pago de la deuda.
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Durante cuatro días habló en la Universidad de Yale ante estudiantes de derecho. Visitó el Congreso Mundial Judío. Recorrió varias oficinas públicas y se interesó por la agenda cultural neoyorquina. Pero, fundamentalmente, organizó reuniones con varios de los fondos de inversión que más dinero comprometido tienen en el sistema financiero argentino. Fueron dos reuniones. La primera con los influyentes BlackRock (el fondo que más dinero maneja en el mundo y al que el kirchnerismo calificaba de buitre) y el VR Capital (que sí califica de buitre). La segunda fue organizada por el banco de capitales ingleses Barclays, que a su vez invitó a otros fondos, entre ellos el Templeton. Fue en este último evento, en la mañana del pasado 24 de abril, donde la suerte de Miguel Angel Pichetto cambió y comenzó a mutar su militancia desde Alternativa Federal al oficialismo, camino que lo llevó en algo más de un mes a la candidatura a la vicepresidencia de la Nación.
 
Pichetto había viajado casi silenciosamente a los Estados Unidos, en una gira programada desde hacía meses y que tenía, en principio, contenido estrictamente político propio. Sólo un mes antes de tomar el vuelo que lo llevaría a Nueva York, incorporó en la agenda las reuniones económico financieras que le cambiarían la vida. La más importante fue la que compartió con los dos fondos de inversión. Estaban programadas para el 24 de abril, época de tormentas para Mauricio Macri, con un dólar superando los $44,20 y de abiertas presiones empresariales y bancarias (el Círculo Rojo) para que el Presidente desista de presentarse para la reelección y deje su lugar a María Eugenia Vidal. Eran los días donde, además, los inversores locales y extranjeros se sorprendían (y actuaban en consecuencia) al conocer la ya famosa encuesta de Isonomía donde Cristina Fernández de Kirchner aventajaba a Mauricio Macri por 9 puntos porcentuales en una primera vuelta electoral. En Buenos Aires se vivía una acelerada dolarización de carteras en pesos; mientras en Nueva York se potenciaban las órdenes de compras de fondos de inversión que aún mantenían las esperanzas en una recuperación rápida de la economía en el primer trimestre del año y una reducción más rápida de la inflación. Eran momentos de zozobra y de especulaciones múltiples en Olivos. La situación llevó al propio Mauricio Macri a tomar una decisión personal: volver a comunicarse con Donald Trump para que presionara, una vez más, al FMI de modo que liberara al país de la prohibición de utilizar los dólares del stand by para contener corridas cambiarias. El Presidente norteamericano avaló el pedido, y el fin de semana del 27 y 28 de abril el presidente del Banco Central, Guido Sandleris, consiguió el aval del Fondo. Finalmente, el lunes 29, antes de la apertura de los mercados, se anunció el acuerdo con el permiso para utilizar hasta 9.000 millones de dólares divididos en u$s250 millones diarios hasta que la divisa llegue a los $51,45, o que pasen las elecciones de octubre. Lo que suceda primero. Con esta medida el Gobierno logró domar al dólar, controlar el tipo de cambio, y obtener una pax cambiaria que le permitió al oficialismo iniciar una etapa de reconstrucción económica y política que llega hasta hoy.

Fue en el camino de este proceso difícil, donde Pichetto quedó en la memoria del oficialismo. Ese 14 de abril, en Nueva York, habló a los fondos de inversión con una convicción que superó incluso a algunas voces propias: “Argentina cumplirá con sus obligaciones y de lo negativo que es para el país generar incertidumbre respecto a la voluntad de cumplimiento”... “Argentina no está muerta, va a cumplir con sus obligaciones y tiene futuro desarrollando un sector estratégico como la industria del petróleo y gas -especialmente Vaca Muerta- y minería; fortaleciendo el campo, y otros sectores que generan divisas genuinas para el país”... “El peronismo, del que formo parte, siempre cumplió con el pago de las obligaciones externas del país”. Ante los bancos, Pichetto criticó además al kirchnerismo y, en ningún momento, hizo referencia a su posición dentro de Alternativa Federal.

El primer flyer sobre las declaraciones de Pichetto en Wall Street fue un envío de los agentes de BlackRock a sus pares de Buenos Aires, donde sorprendió (gratamente) la posición del senador justicialista y su defensa abierta a la batalla que el Gobierno de Mauricio Macri encaraba contra los mercados. Se enfrentaba a la posición que había expuesto Axel Kicillof unos días antes, donde decía públicamente que la deuda se pagaría como se pudiera. En esos días, era tarea de Alberto Fernández la de explicar en reuniones privadas con fondos de inversión y bancos internacionales, que en realidad se cumpliría con los pagos comprometidos, que el acuerdo con el FMI era una decisión de Estado y que no estaba en los planes del kirchnerismo una reestructuración de la deuda al estilo 2005. BlackRock, en su rol de primeros voceros de Pichetto ante los operadores locales, estaba particularmente interesado en las desventuras financieras y económicas del país. Había abierto su oficina local en enero de este año, nombrando como titular a un ex Schroeders, Armando Serra, como cabeza de decisiones.

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